¿Qué es la procrastinación y cómo combatirla?

Procrastinar es diferir, aplazar, y hoy en día es el término que define la tendencia de muchas personas a dejar “para más tarde” las tareas que se tienen que afrontar optando por hacer cosas más gratificantes. Se han realizado investigaciones en la Universidad de Carleton (Canadá) para precisar datos sobre este comportamiento que se relaciona con altos niveles de impulsividad, baja autodisciplina, cierta incapacidad para regular los estados de ánimo y que, según explica el psicólogo Tim Pychlyl, miembro del equipo de investigación, “es el problema más grave de la educación”.

Tipos de procrastinación

Para otro psicólogo, Neil Fiore, especialista en analizar los problemas más comunes de la productividad, hay cinco tipos de procrastinación: el perfeccionismo, la impostura, la desmotivación, sentirse abrumado y pensar que se trabaja mejor bajo presión.

  1. El perfeccionismo llevaría a la procrastinación a quienes invierten mucho más tiempo del preciso en realizar sus tareas o las demoran porque temen que se detecten sus errores y ser corregidos.
  2. La impostura afecta a quienes posponen el trabajo o el estudio por miedo a no obtener buenos resultados.
  3. La desmotivación influiría en quienes, por aburrimiento o desagrado, prefieren aplazar sus responsabilidades.
  4. Sentirse abrumado, estresado o con una elevada carga de trabajo, puede conllevar no hacer el trabajo por “no saber por dónde empezar”.
  5. Pensar que se trabaja mejor bajo presión o el comportamiento de dejar el trabajo para el último momento porque así se obtienen mejores resultados es también uno de los motivos que lleva a diferir tareas.

¿Cómo evitar la procrastinación?

Al igual que se ha definido la procrastinación se ha detallado una serie de pautas para evitarla. En primer lugar, se han identificado las técnicas del ‘mindfulness’ o ‘conciencia plena’ como una herramienta muy positiva para evitar los aplazamientos ya que ayuda a reconocer los sentimientos negativos y facilita recordar por qué es importante realizar la tarea y comprometerse a iniciarla y acabarla en un plazo concreto.

Querer hacer varias cosas a la vez puede ser contraproducente ya que afecta a la falta de concentración, según un estudio publicado por la Universidad de Chicago en el que se ha concluido que, ante la multitarea, el cerebro no focaliza con facilidad en las tareas y salta de una a otra continuamente. Por esta razón evitar la multitarea reduce el estrés y el agotamiento que el hecho de intentar hacer varias cosas a la vez supone para el cerebro. Se ha calculado que el tiempo máximo que podemos estar concentrados y atentos es de 20 minutos, aunque en algunos casos algunas personas pueden llegar a fijar su atención hasta los 90. A partir del periodo máximo de concentración se reduce la capacidad para prestar atención de forma productiva.

Otra técnica se basa en el mapeo mental, en la división de las tareas difíciles en pasos específicos para poder llegar a completar un proyecto. Está especialmente indicada en caso de afrontar una meta muy amplia y sin límites definidos.

No sentir rabia ni culpa por procrastinar es crucial

La procrastinación también se ha identificado como una necesidad de hacer una pausa en una época en que las personas deben mostrar niveles muy altos de productividad. La investigación del grupo de la universidad canadiense de Carleton ha clarificado que quienes se perdonan por procrastinar tienden a no hacerlo en su próximo proyecto. La divagación también puede ser positiva para, más adelante, rendir mejor. Dejar que el cerebro tenga pensamientos aparentemente inconexos proporciona la desconexión y descanso necesarios para ser capaces de volver a concentrarse. Considerarse una persona procrastinadora puede plantearse como una cuestión de superación personal. El autoconocimiento y disponer y entrenar estrategias adecuadas son soluciones positivas.

Conseguir los objetivos

Las buenas costumbres pueden facilitar conseguir los objetivos planteados. Apoyarse en hábitos positivos como, por ejemplo, entender porqué es importante lo que hemos de hacer puede servir de ayuda sobre todo en los casos en que el cometido resulta aburrido. ¿Y qué podría ser señalado como un buen hábito? Por ejemplo, evitar conectarse continuamente al correo electrónico, a internet o revisar continuamente las notificaciones que llegan al ‘smartphone’ si no es imprescindible para lo que se esté realizando. Otro modo de adquirir buenas costumbres es disponer rutinas que permitan mecanizar alguno de los pasos. Esto permite reducir el tiempo que se destina a pensar en lo que se tiene que hacer en cada momento.

Por último, la más positiva de las estrategias es: esperar el éxito. Plantearse a uno mismo que se puede conseguir lo que uno se propone es el mejor de los planteamientos a nivel psicológico. Es la motivación que más refuerza las ganas de ponerse a resolver los proyectos que se tienen por delante según ha destacado el psicólogo Piers Steel, de la Universidad de Calgary (Canadá); una de las voces de prestigio internacional que llevan décadas señalando las claves de la procrastinación.