El cuidado de la piel de los niños en verano

El cuidado de la piel de los niños en verano

La piel de los niños y de las niñas es muy sensible y hay que tener especial cuidado durante los meses de verano. Su piel recibe tres veces más radiación ultravioleta que la de los adultos con lo que el 80% de la radiación solar que impacta sobre nuestra piel la recibimos antes de los 18 años, según advierte la Academia Española de Dermatología. Por ello, hábitos tan sencillos como el uso de la gorra para cualquier tipo de actividad al aire libre es recomendable durante todo el año y especialmente en los meses de verano por la mayor exposición solar. En el caso de los bebés, hay que extremar todavía más las precauciones.

La época veraniega abre la veda al contacto intenso de la piel con el sol, pero también con el agua de playas y piscinas o con elementos vegetales durante actividades al aire libre. Así, la piel expuesta al sol debe protegerse lo máximo posible de la radiación directa vistiendo camisetas de tejidos frescos y naturales, preferiblemente de color oscuro. Para la cabeza, imprescindible la gorra. Y para la vista, debemos usar gafas con cristales de calidad.

Es obvio que muchas partes, brazos, antebrazos, piernas, incluso pies, quedan expuestas directamente a los rayos solares. Es entonces muy importante utilizar cremas de protección solar de amplia protección y reposición periódica sobre las zonas a cuidar. Siempre con protección no inferior a 50 SPF (factor de protección solar). Fundamental aplicar la crema protectora como mínimo treinta minutos antes de la exposición al sol para garantizar su efecto. Y no olvidarse de zonas muy sensibles a sufrir quemaduras: nariz, entorno de las cejas, rodillas, plantas de los pies y también la nuca, los hombros y la parte trasera de las orejas.

Además del impacto solar, la mayor exposición al aire libre provoca el incremento de lesiones como son picaduras, alergias, urticarias etc… Insectos, medusas, plantas urticantes… se comportan agresivamente contra la piel de los chavales. Para ello, cabe tomar medidas de prevención con el uso de repelentes de adquisición en farmacias o recurrir a remedios caseros (como frotar jabón natural) en caso de consumarse la lesión. En el caso de las medusas, es recomendable en un primer momento lavar la zona afectada con agua salada (nunca agua dulce) y acudir a los servicios de socorro de manera inmediata. Siempre bajo supervisión de un profesional médico, pueden suministrarse antihistamínicos o analgésicos para combatir reacciones de mayor gravedad.

Permanecer por un tiempo prolongado bañándose en la piscina puede provocar, en los más pequeños, la sensibilización y alguna lesión como irritaciones en la piel más sensible de las palmas de las manos y las plantas de los pies.  Ante esto, cabe reducir el contacto con aguas excesivamente cloradas de espacios públicos. Además, es fundamental una ducha generosa al salir de la piscina para eliminar los restos de cloro que se depositan sobre la piel y el cabello.

Estos excesos de cloro provocan también otras lesiones dermatológicas como la aparición de hongos, también provocados por el acceso a espacios acuáticos o duchas de recintos públicos. Estos hongos pueden afectar a la piel, pero también a la boca y los órganos genitales. En áreas como vestuarios, el uso de chanclas de goma que eviten el contacto con las superficies húmedas y el secado correcto de los pies son recomendación obligada. Existen también productos farmacéuticos de prevención cuyo uso puede consultarse a un podólogo.

Bien sea por exposición al sol o al cloro de las piscinas, bien sea por contacto continuado con el agua salada del mar durante las actividades náuticas, la piel infantil necesita un cuidado especial al final del día. Por ello, los especialistas recomiendan, tras la ducha con agua dulce, la hidratación correcta con cremas hidratantes, y especialmente grasas para regenerar su equilibrio y bienestar.