10 escapadas sorprendentes para Semana Santa

10 escapadas sorprendentes para Semana Santa

La Semana Santa está a la vuelta de la esquina. En este reportaje proporcionamos diez destinos que cuentan con atractivos que pueden sorprender en unas vacaciones breves y regeneradoras para volver con las pilas bien cargadas. Si aparte de buscar un destino para vivir las procesiones de Semana Santa la motivación se focalizarse en el descanso, la cultura, la curiosidad… y seguramente hay un lugar sorprendente para pasar esas vacaciones de Semana Santa no muy lejos de casa.

1.Alcalá del Júcar, Albacete

Símbolo de la comarca de La Manchuela Albaceteña, esta localidad fue declarada conjunto histórico-artístico por Real Decreto en 1982. Situada a orillas del río Júcar, antes de que este entre en tierras valencianas, llama la atención la garganta que condiciona su urbanismo. Da la sensación de que las casas trepan por las laderas del meandro del río. Es un destino de turismo rural y cuenta con varios atractivos para los visitantes que deciden pasar unos días en este paisaje como el castillo construido por los almohades entre los siglos XII y XIII, la ermita de San Lorenzo, el puente romano o la plaza de toros irregular además de las casas-cueva desde las que se disfrutan unas vistas únicas. Además, también cuenta con el interés añadido de formar parte de la red de Caminos de Santiago ya que es parte de la ‘Ruta de la Lana’ que une Alicante y Burgos donde enlaza con el ‘Camino Francés’.

2. Aracena, Huelva.

La Gruta de las Maravillas abierta al público en 1914 es el gran reclamo de un enclave que hunde sus raíces como asentamiento humano en la prehistoria. Esta cavidad freática creada por la erosión y disolución de las aguas sobre las rocas y los mármoles ofrece una diversidad de formaciones reflejadas en lagos subterráneos que no dejan indiferente. Para visitarla, puede entrar un máximo de 1.000 personas al día, es importante conocer los horarios de taquilla que abre durante las mañanas de 10:00 a 13:30 horas y por las tardes de 15:00 a 18:00 excepto durante las fiestas navideñas. El centro histórico de Aracena fue declarado bien de interés cultura en 1991 y el conjunto monumental incluye las ruinas de un castillo-fortaleza construido sobre los restos de una antigua alcazaba musulmana. La iglesia prioral se levantó a su vez sobre las ruinas del castillo y una de sus características es el presbiterio poligonal. El municipio está situado, además, en el parque natural de la sierra de Aracena y Picos de Aroche por lo que cuenta con diversidad alojamientos de varias categorías (casas rurales, hoteles, campings…) además de una interesante oferta gastronómica en la que son protagonistas los jamones y chacinas… no en vano en la comarca se produce en afamado Jamón de Jabugo y Aracena acoge, además, el museo del jamón.

3. Astorga, León

Esta ciudad leonesa que suma en su historia más de dos milenios tiene sus orígenes en el asentamiento de la Legio X Gémina del Imperio Romano aunque hoy en día quizás sus reclamos principales sean que forma parte del Camino de Santiago y la Vía de la Plata y que es la localidad donde se asienta Palacio Episcopal proyecto de Gaudí en su período neogótico. Sin embargo, se ha de señalar que el arquitecto modernista no lo terminó puesto que desavenencias con el cabildo, tras la muerte del obispo, le hicieron renunciar a la obra. Astorga es, además, capital de la comarca de la maragatería. Durante siglos y hasta la llegada del ferrocarril en el siglo XIX los habitantes de esta zona se dedicaron, principalmente, al transporte de mercancías con carros tirados por mulas por toda la península. Para descansar, Astorga cuenta con alojamientos de varias categorías para el visitante y en la gastronomía una de las estrellas es el cocido maragato cuyo primer vuelco está formado por las carnes (chorizo, cecina, morcillo de vaca, gallina, tocino, oreja…); el segundo, por los garbanzos con patata y berza; y el tercero por la sopa de fideos o de pan. Una de las visitas que se pueden realizar desde Astorga, incluso hay una ruta, es la de Las Médulas, la que fue la mina de oro a cielo abierto más grande del Imperio Romano y que es Patrimonio de la Humanidad desde 1997.

4. Beget, Girona.

Este pueblo de la Alta Garrocha se distingue por mantener una arquitectura rural de raíces medievales en la que la piedra y la madera son la base que mantiene la armonía del conjunto. Es una localidad muy pequeña en la que se busca y encuentra la tranquilidad y en la que el paso por los puentes medievales casi nos traslada a otro tiempo. Los paseos son una actividad obligada y asomarse a las vistas que se pueden disfrutar desde un balcón o desde un recodo del río es inevitable. Hay varios alojamientos rurales en la zona pero la oferta más actualizada, sin duda, se puede consultar en la oficina de turismo de Camprodón. Los imprescindibles de Beget son la visita a la iglesia de San Cristòfol, levantada entre los siglos XII y XIII; las subidas al Comanegra (1.557 m) y el Pic de les Bruixes (1.393 m); y la rutade 13,5 kilómetros que une Beget y Oix.

5. Cardona, Barcelona.

La montaña de sal de Cardona, municipio de la comarca del Bages de la provincia de Barcelona, está considerado como un fenómeno natural único en el mundo. Es un diapiro, cuando un material dúctil deformable y que se mueve pasa a través de rocas suprayacentes quebradizas, que actualmente es el centro del parque cultural de la Montaña de Sal. La mina fue explotada durante siglos como mina de sal, considerada como una de las minas de sal potásica más importantes del mundo, y con ello, influencia económica y comercial a Cardona que hoy cuenta con un patrimonio arquitectónico y cultural de gran valor como el castillo, parador de turismo; la iglesia de San Miguel; o la Colegiata de San Vicente. La montaña de sal, que se puede visitar hasta una profundidad de 86 metros, ofrece un espectáculo de formas, colores y texturas. La localidad y los alrededores cuentan con una oferta de alojamiento de varias categorías y una interesante oferta gastronómica.

6. Chinchón, Madrid.

A unos 45 kilómetros de Madrid, en la comarca de Las Vegas, se puede visitar uno de los pueblos más singulares de España: Chinchón. Es inevitable e  imprescindible conocer la plaza Mayor de origen medieval, cuyos primeros edificios de tres plantas datan del siglo XV, con sus 234 balcones o ‘claros’ de barandillas pintadas de verde. Esta curiosa plaza irregular es un ejemplo de la arquitectura popular castellana y quedó completada en el siglo XVII. Para la visita también hay que apuntar la Torre del Reloj, el convento de las clarisas y el de San Agustín. Como dato curioso: en Chinchón se produce el aguardiente anisado del mismo nombre. Desde esta localidad, que cuenta con una interesante oferta de alojamientos rurales, se recomienda acercarse hasta Colmenar de Oreja o a Villarejo de Salvanés.

7. Fornalutx, Mallorca.

En la sierra de la Tramontana, patrimonio Mundial de la Unesco desde 2011, en el valle del Sóller, Fornalutx es un pueblo muy pintoresco por su arquitectura de montaña, poco asociada en el imaginario popular a las Islas Baleares, y por sus paisajes. Sus edificios, buena parte de los cuales datan de la época medieval, tienen unas características tejas pintadas y los más emblemáticos son la casa de la vila, del siglo XVII, y la iglesia, del siglo XIII y estilo gótico. Desde Fornalutx se puede acceder a la ruta GR221, que se extiende por la sierra de la Tramuntana; y también se puede llegar al pueblo de Biniaraix. Fornalutx cuenta con una amplia oferta hotelera y gastronómica.

8. El Hierro o la isla de Las Sabinas, Canarias.

Reserva de la biosfera, por parte de la Unesco, desde el año 2000, El Hierro tiene en la sabina uno de sus iconos; no en vano hace millones de años esta especie llenaba el centro de la isla. Este árbol perennifolio tiene varios ejemplares centenarios, retorcidos y dramáticos que son un espectáculo acústico cuando el viento azota sus hojas. Esta isla, la más occidental y meridional de las Islas Canarias, tuvo como primeros pobladores a los bimbaches, un pueblo entroncado con la cultura y la genética bereber. Esta isla, que no cuenta con grandes playas, no recibe “turismo de masas” y se estima que suma un máximo de 2.000 camas en sus establecimientos hoteleros. Las rutas y los deportes al aire libre son un gran atractivo en un viaje a El Hierro pero, entre las visitas “que no se pueden saltar” destacan las piscinas naturales de La Maceta; el mirador de Las Playas; y el Lagartario del Ecomuseo de Guinea, donde se cría, en cautividad el galliota simonyi, una subespecie de lagarto de grandes proporciones y el reptil más amenazado de Europa.

9. Sos del Rey Católico, Zaragoza.

El lugar de nacimiento de Fernando ‘El Católico’, pertenece a la comarca de las Cinco Villas, en el noroccidente de la provincia de Zaragoza. Próximo a los Pirineos y cercano a la sierra de Leyre se sitúa en una elevación desde la que se contemplan impresionantes vistas de la sierra de Santo Domingo. Como curiosidad, se ha de señalar que fue escenario cinematográfico para la película ‘La vaquilla’ de Luis García Berlanga y el pueblo cuenta con una exposición permanente sobre la película. La villa conserva un conjunto arquitectónico de origen medieval que hace que el visitante se sienta trasladado al pasado en el que destaca el ‘barrio alto’, la antigua judería medieval. La oferta gastronómica y hotelera de Sos del Rey Católico es muy variada; incluso cuenta con un parador.

10. Vejer de la Frontera, Cádiz.

A orillas del río Barbate, a 8 kilómetros de la costa gaditana, sobre una colina de 190 metros sobre el nivel del mar, se encuentra Vejer de la Frontera, un pueblo de casas blancas que se sabe que ya estaba fortificado en la Edad del Bronce. Declarado conjunto histórico-artístico en 1976, conserva molinos de cereal, fuente tradicional de su economía; la antigua muralla; el castillo; y la torre del Mayorazgo. Llama la atención del visitante el museo de costumbres y tradiciones de Vejer y para disfrutar de su patrimonio natural hay que desplazarse del casco urbano hasta la playa de El Palmar de Veger; la playa de Mangueta, espacio protegido de interés territorial; y el parque natural de La Breña y Marismas del Barbate. Alojamiento y gastronomía, de la que son ejemplos el lomo en manteca o la carne de retinto, están garantizados en esta localidad y sus proximidades puesto que el turismo a pequeña escala es una de las fuentes de la economía de la zona en la actualidad.