Entrevista Pablo Arribas

28 Septiembre, 2017

Entrevista Pablo Arribas


Pablo Arribas, autor del libro Cabeza, corazón y tripa: Amar es fácil si sabes cómo, cuándo y con quién (Ed. Nube de Tinta, 2017)

La calma interior es posible”

Pablo Arribas es licenciado en Humanidades y Periodismo, emprendedor, divulgador de conocimientos y creador de ‘El universo de lo sencillo’, un proyecto de motivación y desarrollo personal donde comparte su particular forma de ver el mundo, contribuyendo a la felicidad de miles de personas que cada día visitan su página web. Bajo el convencimiento de que "un gran cambio no lo hace una sola persona, sino una causa compartida", Pablo Arribas nos acerca su filosofía de vida y nos invita en cada lectura a descubrir la grandeza que existe dentro de nosotros, así como a tener el coraje de seguir nuestro corazón y apostar por nuestros sueños en todo momento.
                                                                                                                                        
¿Están realmente reñidos el corazón y la cabeza, los sentimientos y la razón?
Si no hacemos nada para remediarlo, sí. Y ocurre así porque cabeza y corazón funcionan a través de reglas o mecanismos distintos. Pero no solo están reñidos cabeza y corazón, hay una tercera fuerza que lo complica todo aún más, y esta fuerza es la tripa (el deseo). Así pues, tenemos por un lado nuestros sentimientos más arraigados, por otro nuestra razón y por otro nuestros impulsos más primitivos. Esto es algo que se ve muy claramente en el amor, más concretamente en las relaciones de pareja: ¿quién no ha sentido alguna vez que deseaba con todas sus fuerzas a alguien que sabía que no le convenía? O, al revés, ¿quién no conoce a una persona con la que conecta en valores y gustos, pero por la que no siente atracción alguna? La buena noticia es que podemos llegar a equilibrar nuestras tres fuerzas (razón, sentimientos y deseo) para vivir de una manera más plena, tanto en nuestras relaciones de pareja como en cualquier esfera de nuestra vida, y ese es el propósito de mi último libro Cabeza, corazón y tripa. La clave está siempre en el desarrollo personal. La calma interior es posible.

¿Existe alguna receta que nos ayude a alcanzar la felicidad?
Por suerte, no solo existe una, sino muchas, dado que la felicidad no es un punto de llegada, sino un estado interior, una disposición del alma. Lo creamos o no, todos disponemos dentro de nosotros de un interruptor ON-OFF que enciende la luz de nuestra felicidad. ¿Y cuando se enciende esta luz? Cada vez que conectamos con el ritmo natural de la vida. Tras varios años estudiando la felicidad, si tuviera que definirla de alguna manera, lo haría así: felicidad es no querer estar en otra parte. Y esto nos señala una de las pistas más importantes en nuestro camino de crecimiento: si queremos ser felices, debemos aprender a valorar los instantes, a apreciar lo pequeño, a dejar de esperar que las cosas (o las personas) sean de una determinada manera y aprender a abrazarlas tal y como son. Si logramos vaciar la cabeza de prejuicios abriremos nuestro corazón a la gran riqueza de la vida. Y así, ¿cómo no ser feliz en un mundo tan abundante?

¿Cuáles son las ideas más importantes que hemos de tener en cuenta para alcanzar un desarrollo personal pleno?
El crecimiento personal es una asignatura que dura toda la vida. Es muy difícil encontrar un momento de nuestra vida en el que no haya un aspecto de nuestra personalidad que podamos pulir. Los retos vitales son casi imperecederos. No obstante, sí creo que existe un punto de partida, y consiste en reconocer los dos valores más elevados que nos ofrece la vida: amar y disfrutar. A priori, puede parecer una tarea sencilla, pero visto al detalle, no siempre ocurre así. ¿Cuántas veces concedemos un espacio mucho más grande a valores como la belleza, el dinero, la popularidad o la razón? Por tanto, si lo que buscamos es crecimiento y felicidad, el primer peldaño es claro: ubicar el amor en lo más alto de nuestra pirámide. A partir de aquí, la tarea principal es aprender a amarnos a nosotros mismos, a aceptarnos, a sentirnos merecedores de los regalos que cada día nos ofrece. En definitiva, para alcanzar un desarrollo personal pleno es necesario llevar a cabo un camino de dos pasos: amueblar bien nuestra cabeza (distinguir lo importante) y construir una autoestima a prueba de balas.

¿Seremos más felices si conocemos muchos más aspectos, y en profundidad, de nuestro interior?
Existe una cita de Charles M. Schulz —el autor de Charlie Brown— que me gusta mucho. Dice así: «Mi vida no tiene propósito, ni dirección, ni finalidad, ni significado, y a pesar de ello soy feliz. No lo puedo comprender. ¿Qué estaré haciendo bien? ...» Resulta difícil no conectar de alguna manera con estas palabras. Basta con mirar alrededor para encontrar a muchas personas felices que no se preguntan cada día «quién son yo» o «hacia dónde llevo mi vida». Y es que la reflexión profunda y detallada de nuestros aspectos vitales puede ser de gran utilidad para señalarnos el camino cuando nos hallemos perdidos, pero no es la única vía. Quien logra un equilibrio interior consistente no necesita estar analizando cada aspecto de sí mismo, no le hace falta. Si a algo dedica sus energías no es a pensar y repensar, sino a disfrutar cada segundo de su vida. Así pues, podríamos decir que sí, que la cabeza (la razón, el conocimiento, etc.) es necesaria en algunos momentos; en otros, es mejor mantenerla apagada.

¿Qué quieres decir exactamente cuando afirmas que «un gran cambio no lo hace una sola persona, sino una causa compartida»?
Vivimos en una época contradictoria. Por un lado, tenemos las fuerzas del individualismo, el hedonismo y hasta el egocentrismo que nos llevan a buscar nuestro bienestar por encima de cualquier cosa. Pero por otro lado estamos descubriendo hoy más que nunca que para conseguir grandes logros es necesario trabajar en equipo. En mi opinión, ninguna de estas dos posturas es completamente incompatible con la otra. Ahora bien, sí creo en la fuerza de la humanidad (o de un grupo de personas, da igual) empujando por una misma causa. Por eso, cada vez que alguien me pregunta acerca de cómo llevar a cabo su sueño, le respondo: «crea una tribu de personas que tengan el mismo sueño que tú, pues nada hay más fuerte que la pasión de uno multiplicada por gente que siente, vive y ama con tus mismas fuerzas». Ya lo decía un viejo proverbio: «si quieres llegar rápido, ve solo; si quieres llegar lejos, ve acompañado». O, dicho de otra forma, la fuerza vocal de un coro es mayor que la suma de sus vocalistas.

¿Cuál ha sido la motivación y el objetivo de escribir Cabeza, corazón y tripa?

Posiblemente, intentar convencer a los lectores de que, con los pasos adecuados, todos podemos llegar a disfrutar de la vida a pleno corazón y, por supuesto, de nuestras relaciones de pareja. Creo que es un mensaje potente, ya que existe una creencia generalizada que une amor con sufrimiento. Mi convencimiento es justo el contrario: el amor no duele. Y no solo eso, sino que es la experiencia más extraordinaria de la vida. Pero, entonces, ¿por qué sufrimos tanto en nombre del amor? ¿qué es lo que nos duele? ¡Los errores que cometemos al amar! Es por esto que Cabeza, corazón y tripa más que un libro de amor es un libro de desarrollo personal. Cada vez que trabajamos nuestros defectos, nuestras creencias y nos atrevemos a reorganizar nuestros valores el amor se abre ante nosotros. Creo que faltaba en las librerías un libro que tratara los temas del amor de una manera llana, amena y con el lenguaje que hablamos todos. Si lo he conseguido o no, el público lo dirá.

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